21 de mayo de 2017
EL RAP DE MI PATIO
La idea de "EL RAP DE MI PATIO" surge a partir de las inicitivas de mejora propuestas desde la Comisión de Convivencia en colaboración con la de Medioambiente del Centro, enmarcada esta última dentro del Programa de Escuelas para la Sostenibilidad y del Proyecto Red de Colegio EDUCAENECO (Ecoembes).
Iniciativas como ésta son muy enriquecedoras para nuestra comunidad educativa, promoviendo la colaboración y participación de TODOS los que formamos parte de ella.
¡CAMINANDO JUNTOS!
Youtube: https://youtu.be/0HPwlxu0-dI
Extintores co2 2 kg
La documentación que permite acreditar la resistencia al fuego de una estructura metálica.
Pintar una estructura de acero con un recubrimiento reactivo frente al calor no permite acreditar por sí solo una determinada resistencia al fuego. Para justificar una clasificación como R 30, R 60, R 90 o R 120, es necesario relacionar las características de los perfiles, las condiciones de cálculo, el producto empleado y el espesor realmente ejecutado.
La comprobación adquiere especial relevancia en naves industriales, almacenes, aparcamientos, locales comerciales, edificios de pública concurrencia y establecimientos industriales, donde la estructura metálica puede estar sometida a exigencias específicas durante un incendio.
El aspecto exterior de una viga o de un pilar tampoco permite determinar su prestación. Una superficie completamente cubierta puede presentar espesores insuficientes, una aplicación incompatible con el soporte o un sistema cuya documentación no permite justificar la resistencia requerida.
La letra R identifica la capacidad portante que mantiene un elemento estructural durante un periodo determinado bajo las condiciones de exposición al fuego establecidas para su clasificación.
De forma resumida, las denominaciones temporales más habituales son:
Estas cifras no equivalen a una cantidad fija de pintura. El espesor necesario puede cambiar en función de la geometría del perfil, el factor de sección, la temperatura crítica considerada y las condiciones de evaluación del sistema utilizado.
Por esta razón, una estructura formada por diferentes tipos de vigas y pilares puede necesitar espesores distintos aunque todos los elementos tengan que alcanzar la misma clasificación.
La justificación debe comenzar con la identificación de la prestación exigida para cada elemento. A partir de ahí se determinan las características de los perfiles y los parámetros necesarios para seleccionar el sistema de protección.
El expediente debería permitir seguir una secuencia clara:
exigencia de resistencia → perfil estructural → parámetros de cálculo → producto seleccionado → espesor requerido → aplicación → control → documentación final.
Si alguno de estos eslabones no puede acreditarse, la comprobación posterior puede resultar más compleja.
La documentación de ejecución tiene que identificar qué sistema se ha aplicado, sobre qué elementos y bajo qué condiciones. Un certificado contra incendios puede formar parte del expediente documental de una obra, pero su contenido debe corresponder con la prestación que realmente se pretende justificar.
Entre los datos que pueden resultar necesarios figuran la identificación de la obra, el producto empleado, fabricante, referencias o lotes, elementos protegidos, espesores previstos, controles efectuados, sistema de imprimación y acabado, fechas de aplicación y documentación técnica utilizada.
La existencia de un certificado no sustituye al dimensionamiento de la protección. Para acreditar una clasificación R concreta debe existir correspondencia entre el sistema evaluado, las características de la estructura y el trabajo ejecutado.
Indicar que una estructura ha recibido dos, tres o cuatro manos de producto no permite determinar cuánto recubrimiento existe realmente sobre el acero.
El parámetro que debe comprobarse es el espesor de película seca, expresado habitualmente en micras o milímetros. Las mediciones deben realizarse siguiendo un procedimiento adecuado y sobre una cantidad representativa de elementos y zonas.
Una aplicación visualmente uniforme puede presentar diferencias entre alas, almas, encuentros, esquinas, pilares, vigas o áreas reparadas. Por ello, el control debe permitir detectar posibles desviaciones respecto a los valores establecidos.
El comportamiento térmico de un perfil depende, entre otros factores, de su geometría. Dos elementos de acero sometidos a la misma exigencia pueden calentarse de manera diferente y requerir soluciones distintas.
Una IPE 100 y una IPE 300, por ejemplo, no deben considerarse automáticamente equivalentes a efectos de dimensionamiento. Lo mismo ocurre al comparar perfiles HEB, tubos estructurales o elementos secundarios.
El factor de sección permite relacionar la superficie expuesta del perfil con su volumen o con el parámetro equivalente utilizado en el cálculo. Este valor interviene en la determinación del espesor necesario cuando así lo contempla el sistema empleado.
La temperatura crítica considerada para el acero constituye otro parámetro que puede intervenir en el cálculo de la protección. No existe una temperatura única aplicable a cualquier estructura y circunstancia.
Su determinación depende de las condiciones estructurales y de las hipótesis utilizadas para justificar la capacidad portante durante la exposición al fuego.
Por ello, modificar las condiciones de cálculo puede afectar al espesor de protección necesario. La documentación utilizada para dimensionar el sistema debe mantener coherencia con los parámetros establecidos en el proyecto.
No basta con conservar una ficha comercial genérica. El expediente debe permitir identificar el producto concreto y las condiciones bajo las cuales puede emplearse para proteger elementos de acero.
La pintura intumescente debe contar con documentación técnica que permita conocer su campo de aplicación, los perfiles contemplados, los factores de sección considerados, las temperaturas críticas admitidas, las resistencias previstas y los espesores correspondientes.
También deben comprobarse las condiciones relativas a imprimaciones, acabados, preparación superficial, método de aplicación y condiciones ambientales. Todos estos factores forman parte del sistema que finalmente se pretende justificar.
Uno de los puntos que más fácilmente puede generar inconsistencias documentales es utilizar una tabla de dimensionamiento que corresponde a un producto diferente del que finalmente se ha aplicado.
Cada sistema dispone de unas condiciones específicas de evaluación. Por ello, la documentación debe mantener una relación inequívoca entre:
producto instalado → documentación correspondiente → tabla de espesores → perfil → exigencia R → espesor requerido → espesor medido.
Utilizar los valores de otro fabricante o de otro sistema puede romper la trazabilidad necesaria para justificar la protección.
La capa situada debajo del sistema intumescente no puede considerarse un elemento ajeno a la protección. La compatibilidad entre imprimación y recubrimiento debe estar contemplada en la documentación del sistema.
Esta cuestión adquiere especial relevancia en estructuras existentes. Antes de aplicar un nuevo recubrimiento resulta necesario conocer, cuando sea posible, qué producto permanece sobre el acero y cuál es su estado.
Una superficie aparentemente estable no garantiza que cualquier producto pueda aplicarse directamente encima. La preparación del soporte y la compatibilidad de las capas deben responder a las especificaciones técnicas correspondientes.
Algunas soluciones requieren una capa final para determinadas condiciones de exposición o admiten acabados específicos. Su utilización debe ajustarse igualmente a la documentación del producto.
No resulta adecuado incorporar una pintura decorativa cualquiera sin comprobar su compatibilidad. El sistema puede estar compuesto por acero preparado, imprimación, recubrimiento intumescente y acabado, cuando este último sea necesario.
La documentación final debe identificar los productos que realmente han sido incorporados a la estructura y evitar referencias genéricas que impidan conocer la composición del sistema.
El control de la ejecución debe aportar información suficiente para comparar lo especificado con lo realizado.
Entre los datos más relevantes pueden encontrarse:
identificación de los elementos protegidos;
perfil y geometría;
resistencia al fuego requerida;
factor de sección;
temperatura crítica considerada, cuando proceda;
espesor especificado;
espesor húmedo durante la aplicación;
espesor seco final;
número y ubicación de las mediciones;
incidencias detectadas;
reparaciones efectuadas;
producto utilizado;
lote o referencia del material.
La información puede organizarse por zonas y familias de perfiles para facilitar posteriormente cualquier comprobación.
Una estructura extensa puede contener decenas o incluso cientos de elementos. En estos casos, resulta útil asignar códigos a los diferentes componentes y reflejarlos en planos o registros.
Una metodología sencilla puede seguir esta secuencia:
zona → elemento → perfil → exigencia R → parámetro de sección → espesor requerido → mediciones → resultado.
Así es posible localizar una viga concreta, comprobar qué espesor tenía previsto el sistema y contrastarlo con los valores obtenidos durante el control.
Esta organización también facilita las actuaciones posteriores cuando se realiza una reforma, una ampliación o una revisión de la documentación existente.
Si las mediciones revelan valores inferiores a los especificados, la solución debe determinarse conforme a las instrucciones del sistema empleado.
Puede ser necesario realizar una nueva aplicación compatible y repetir posteriormente las comprobaciones sobre las zonas corregidas. El objetivo es que la documentación final refleje el estado efectivo de la protección instalada.
No resulta adecuado modificar únicamente la documentación para hacer coincidir los valores escritos con los resultados previstos. El expediente debe recoger los trabajos realmente realizados y los controles efectuados.
Aplicar una cantidad superior de producto no significa necesariamente que aumente proporcionalmente la protección. Los sistemas reactivos tienen condiciones de aplicación que deben respetarse.
Un exceso por capa puede generar problemas de secado, adherencia, acabado o comportamiento del propio recubrimiento. Por eso, el control debe contemplar tanto los espesores durante la aplicación como el espesor seco final.
La finalidad es alcanzar el valor especificado dentro de las condiciones admitidas por el sistema, no aplicar la mayor cantidad posible de material.
La terminología utilizada en obras y presupuestos puede generar confusión. La reacción al fuego se refiere al comportamiento de un producto frente a su participación en el desarrollo del incendio, mientras que la resistencia al fuego se relaciona con la capacidad de un elemento constructivo para mantener determinadas prestaciones durante un periodo.
En una estructura de acero cuya exigencia se expresa mediante una clasificación R, el producto debe estar destinado y evaluado para esa finalidad. La denominación comercial de un recubrimiento no basta para acreditar una resistencia estructural concreta.
Las estructuras existentes pueden presentar una dificultad adicional cuando no conservan la documentación original. El propietario puede conocer que se aplicó un producto destinado a la protección frente al fuego, pero desconocer su fabricante, referencia, lote, espesor o sistema completo.
La medición del recubrimiento existente puede aportar información sobre su estado y espesor, pero ese dato aislado no permite reconstruir automáticamente las prestaciones originales.
Las ignifugaciones ejecutadas en una estructura deben poder relacionarse con el sistema concreto utilizado y con las condiciones de aplicación que permitieron justificar la prestación. Cuando esa información se ha perdido, la evaluación de la situación existente requiere analizar qué evidencias técnicas siguen disponibles.
Las fotografías tomadas durante la preparación, aplicación y control pueden aportar una referencia adicional sobre los trabajos ejecutados.
Resulta especialmente útil conservar imágenes de zonas representativas, encuentros, elementos de difícil acceso, reparaciones y puntos de medición cuando formen parte del procedimiento establecido.
Estas imágenes no sustituyen a las mediciones ni a la documentación técnica, pero pueden contribuir a mantener una trazabilidad más completa de la intervención.
El expediente final debería reunir toda la información necesaria para reconstruir la protección aplicada incluso varios años después.
Puede incluir:
proyecto o memoria técnica;
planos de la estructura;
identificación de perfiles;
exigencia de resistencia al fuego;
cálculos o criterios de dimensionamiento;
documentación técnica del producto;
tablas de espesores;
fichas de imprimación y acabado;
referencias y lotes;
albaranes de suministro;
partes de aplicación;
controles de espesor;
registros de reparaciones;
certificados de ejecución;
fotografías;
documentación final de obra.
Conservar esta información permite afrontar con mayor claridad futuras revisiones de la estructura y evita depender exclusivamente de la apariencia actual del recubrimiento.
Acreditar la resistencia al fuego de una estructura metálica exige demostrar algo más que la existencia de una capa de pintura sobre el acero.
La documentación debe conectar la exigencia del proyecto con el perfil protegido, los parámetros utilizados para dimensionar el sistema, el producto instalado, el espesor requerido y las mediciones efectuadas después de la aplicación.
Cuando esa cadena documental está completa, resulta mucho más sencillo comprobar qué solución se ejecutó, sobre qué elementos, con qué espesores y bajo qué condiciones técnicas. La protección de una estructura no queda acreditada únicamente por su aspecto: la trazabilidad entre proyecto, producto, aplicación y control es la que permite respaldar técnicamente la prestación declarada.